lunes, 26 de noviembre de 2018

DÍA 3 y 4: LA PACIENCIA TIENE UN LÍMITE.

Miércoles, 8 de noviembre de 2017

La noche ha sido muy larga, apenas he conseguido dormir. Lejos de mejorar, creo que estoy peor que ayer, el dolor es insoportable, y las horas de vigilia me pesan cada vez más.

Mi mujer se ha levantado y tras llevar los niños al colegio, se ha ido al instituto. Yo me levanto para despedirlos y me dispongo a pasar una aburrida y dolorosa mañana.

Miro mi teléfono y el periódico, lo sucedido parece que no ha trascendido más allá de mi ámbito más cercano, compañeros y amigos me escriben para mostrarme su apoyo. Algunos de ellos, mis compañeros, insisten en promover alguna movilización, yo sigo pidiéndoles calma, quiero esperar a que la Administración Educativa se ponga en contacto conmigo.

Mientras tanto, siguiendo el consejo que me dieron ayer, me dispongo a redactar la SOLICITUD DE ASISTENCIA LETRADA (podeis consultar el modelo en la entrada anterior). Termino su redacción, la imprimo y firmo, mañana pediré a alguien que me haga el favor de registrarla. Estoy acostumbrado a redactar escritos de diferente índole, pero creo que esta tarea no debería recaer en manos del docente agredido, simplemente no me parece lógico. 

Desde el instituto, mi buen amigo y compañero Mario, que pertenece al departamento de Industrias Alimentarias, me escribe para interesarse por mí, es mi segundo año en el instituto, pero siento que tengo buenos amigos allí, entre ellos Mario. Me cuenta las novedades de la mañana, lo que se habla sobre lo sucedido, y el deseo que tienen los compañeros de concentrarse o movilizarse de alguna manera. También me cuenta y ello me deja preocupado, que apenas ha podido hablar con mi mujer, que la ha visto llegar al instituto, pero que apenas ha empezado a hablar, ha arrancado a llorar. . Está siendo un duro trance para ella.

Tras esta llamada, sigo buscando información en los medios de comunicación. Esta es la tercera agresión a un docente en Extremadura en lo que va de curso, y en los dos casos anteriores, la noticia estaba en los medios el día después de que ocurrieran las agresiones, pero en este caso, nada de nada.

Ya por la tarde, visto que los analgésicos apenas me hacen efecto, mi mujer me convence para acudir de nuevo a Mérida, a la clínica Diana. Por suerte está el Doctor Carretero, los que sois de Mérida supongo que lo conoceréis, es un estupendo profesional. Esperamos nuestro turno, y al entrar, por los movimientos que hago, ya adivina que mi problema es el cuello. Le cuento lo sucedido y me examina minuciosamente. La cosa es seria según dice, "hay que romper el círculo"... según me explica, los golpes me han causado inflamación, y la inflamación me provoca una mayor compresión en las vértebras cervicales, que debido a mi hernias discales provoca a su vez mayor inflamación... por eso ha hecho referencia a ese círculo. 

Me manda corticoides y Valium inyectables, durante 10 días... me parece demasiado, pero es el Dr. Carretero y su fama le precede... así que la primera dosis me la inyectan allí mismo. Son las 8 de la tarde y de regreso a casa, tengo una extraña sonrisa en la cara, cosas del Valium según parece... jejejeje, no me duele nada, y estoy como si me hubiese tomado dos copas. Nos echamos unas risas, mi mujer y yo, me alegra que su nivel de preocupación haya bajado, y el mío... el mío prácticamente ha desaparecido... apenas me acuerdo de por qué me dolía el cuello, jajajaja.

Jueves, 9 de noviembre de 2017 

La noche ha ido mucho mejor... las primeras horas he descansado profundamente y parece que la inflamación ha mejorado algo. Evitaré en este punto daros ningún consejo respecto de la medicación, eso es cosa de los facultativos, pero lo del VALIUM... ¡¡mano de santo, oye!!

Los niños se van al cole y mi mujer al instituto. Me siento delante del ordenador, y consulto los periódicos, seguimos sin noticias de lo sucedido, -qué raro.

Hoy estoy mucho más lúcido que ayer y me pongo a pensar recordando mi anterior etapa en la Consejería de Educación. Dedicábamos el tiempo que fuera necesario a realizar un sinfín de informes sobre diversos problemas, quejas, sugerencias etc., que llegaban por diferentes vías a nuestros superiores. Entre ellos era habitual la respuesta a los mail que llegaban a la Consejera, Secretario General e incluso al Presidente, todo tenía que tener su debida respuesta, por algo éramos servidores públicos.  

En todos esos informes y respuestas, en lo que a mí competía, siempre intenté mostrar el lado humano de la Administración, porque quien está detrás de un estamento público, siempre es una persona atendiendo a otra persona, por muy alto que sea el sillón en la que la primera se siente.  Siempre que tuve la oportunidad, me preocupé por las personas que formaron mi equipo y no sólo por su trabajo, sus problemas, preocupaciones, e ilusiones formaron parte de mi quehacer cotidiano durante todo ese período. Intenté estar a su lado, en lo bueno y en lo malo, asistí a entierros de familiares, jubilaciones, nacimientos y por desgracia, también a algún funeral de alguno de ellos (mi querida compañera y siempre amiga Mila). Lo intenté siempre, por mi puesto en la Administración pero sobre todo por mí mismo. Soy consciente de que en alguna ocasión no estaría a la altura, pero puedo asegurar que lo intenté siempre. 

Y recordando todo esto, decidí que 72 horas ya eran suficientes para que alguien se hubiese puesto en contacto conmigo. Por ello me dispuse a escribir a nuestro Presidente, D. Guillermo Fernández Vara, y de ahí mi consejo de hoy:

"Escribe, escribe, escribe... pon el hecho en conocimiento del político que consideres. Los políticos, por lo general, responden rápidamente a algunos estímulos, y el miedo al escándalo es uno que funciona muy bien"

Tuve durante unas horas, la esperanza de recibir una "respuesta humana" por parte de ese estamento, (la presidencia de la Junta de Extremadura) pues uno de sus trabajadores, el tercero en apenas dos meses que llevábamos de curso, había sido agredido en el desempeño de sus funciones. 

Le di a nuestro presidente una oportunidad para lucirse como "persona", o como "Presidente", lo mismo da. Si la respuesta recibida fue "humana" o no, será el lector de estas líneas quien lo juzgue.

A las 10,16 a.m. le envié las líneas que muestro a continuación.
La respuesta recibida, por aquello de mantener el suspense, os la mostraré la próxima semana... en la entrada titulada "DÍA 5: LA EXPLOSIÓN DE INFORMACIÓN; MANEJAN COMO NADIE LOS MEDIOS"









lunes, 19 de noviembre de 2018

DÍA 2: LA COSA NO PINTA BIEN.

Martes, 7 de noviembre de 2017

La noche ha sido larga, muy larga. Apenas he podido dormir, el dolor al apoyar el cuello en la almohada era insoportable. Tengo la zona muy inflamada, como si de repente me hubiese crecido una joroba en la parte trasera de mi cuello. En la entrada anterior ya puse la foto que tomé este día, pero la vuelvo a subir en esta para mayor comodidad.

Mis hijos se van al cole, ayer por la tarde estuvieron fuera casi toda la tarde con unos familiares, han preguntado qué me pasaba, notan algo raro, tengo mal aspecto pero por suerte no insisten mucho. He explicado lo sucedido a la familia (mi madre, que ya es mayorcilla y se preocupa en exceso, vive en Badajoz, por lo que esperaré al fin de semana para contárselo en persona), ha sido un mal trago, porque ellos tampoco entienden como un alumno menor de edad ha podido agredirme de semejante forma, no entienden que no haya reaccionado "de otra forma". 

Quizás sea lo más duro de todo esto que ha pasado, siento vergüenza al decir que un "niño", me ha pegado, y cuando explico lo sucedido es como si tuviese la necesidad de excusarme... - "me ha pegado porque yo no podía levantarle la mano"- ciertamente me siento ridículo.

Le he pedido a la familia que no cuente lo sucedido, vivimos en un pueblo pequeño, y no me gustaría sentir esa sensación de "tener que explicarme", con cada persona que me parase en la calle para preguntar. 

Recibo mensajes de mis compañeros, por whatsapp, rayuela, y alguna que otra llamada, todos me muestran su apoyo, y es de agradecer. 

Mi mujer, ha llamado al instituto para avisar que no va a ir, al pasar tan mala noche, quiere acompañarme a Mérida, es evidente que no estoy en condiciones de conducir y tengo que ir a solicitar la baja y a que me vean la intensa inflamación de la nuca. 

La doctora que me ve me pide unas radiografías que me realizan sobre la marcha. Viendo los resultados y tras una dolorosa exploración, me deriva al traumatólogo,  con un diagnóstico de esguince cervical y un tratamiento de anti-inflamatorios, y relajante muscular. Le pregunto por la posibilidad de que me colocara un collarín que me ayudase a descansar el cuello... pero me indica que el uso del collarín ya no está recomendado y puede resultar contraproducente, qué curioso, sobre todo teniendo en cuenta la información que me llega instantes después... al rato de salir de la consulta. 

- "Miguel Ángel, el niño ("Antonio") ha estado aquí con su abuelo (que parece que es su tutor legal, puesto que sus padres viven fuera).... ¡¡¡ Y VIENE CON UN COLLARÍN PUESTO !!!

Ya he llegado a casa cuando recibo este mensaje desde el centro... inaudito. Mi cabeza da más y más vueltas... ¿y ahora qué?, ¿habrá denunciado él?, ¿me da que voy a tener problemas?, ¿cómo me puede estar pasando esto?. ¡¡¡Ya es medio día y aún no me ha llamado nadie de la Administración Educativa!!!

Bueno, al menos tengo testigos.

En ocasiones he escuchado a compañeros hablar de casos similares, de cómo la Administración Educativa actúa y te defiende únicamente en casos muy claros, cuando ve la más mínima duda de que pudieras salir mal parado (si el denunciado eres tú mismo... lo de la presunción de inocencia se lo pasan por el "forro") o cuando percibe que ella misma pudiera tener cierta responsabilidad por lo sucedido... simplemente, hace oídos sordos y no se mete. 

Por suerte tengo buenos amigos, algunos de ellos grandes conocedores del sistema educativo y con una amplia experiencia en diferentes ámbitos del mismo, y de ellos uno de los consejos de este día: 
SOLICITUD DE ASISTENCIA LETRADA. 

Hagas lo que hagas y te aconseje quien te aconseje, no dejes que te la ofrezcan de palabra, solicítala por el conducto reglamentario, es decir, por escrito y con registro de entrada, y no dejes que nadie lo haga por ti (os dejo copia de mi solicitud en esta misma entrada). ¿Que por qué os digo esto?, pues muy sencillo, si yo no la hubiese solicitado por escrito, la Administración Educativa siempre podría alegar que nunca la pedí, y yo no podría decir ahora mismo y con todas las letras que TARDARON CASI CUATRO MESES Y MEDIO EN CONTACTAR CONMIGO (evidentemente el proceso ya estaba bastante avanzado y aunque el juicio aún no se había celebrado, mis abogados habían tenido que realizar un sinfín de actuaciones). Tal y cómo os lo cuento, tenemos derecho a asistencia letrada ("se cansan de repetir los políticos cuando un caso de estos salta a los medios") pero... cuidado, tal y como he dicho antes... tienen que verlo muy claro, si no es así, pueden dejarlo pasar para que te busques la vida por tu cuenta, no vaya a ser que te defiendan y al final resulte que eres tú el despiadado delincuente que estaba "claramente" delinquiendo mientras impartía sus clases. 

En el ámbito penal, también estoy bien aconsejado, mi hermano mayor es un experimentado Guardia Civil que ha vivido multitud de situaciones en las que hay menores implicados. Él me da, entre otros muchos, dos consejos que comparto con vosotros:
- "No mediatices", que lo sucedido no se convierta en un circo, eso no beneficia a nadie.
- "No esperes grandes cosas de la justicia, cuanto antes lo asumas, menos frustración sufrirás", la ley del menor es la que es, están muy protegidos y estas cosas les salen prácticamente gratis.

Siguiendo estos consejos, -¿qué voy a hacer?, es mi hermano mayor- , pido a mis compañeros de instituto, que me piden mi parecer para convocar una concentración y dar visualización al asunto, que sean prudentes y actúen con mesura y con la cabeza fría.   

Va pasando la tarde, mis hijos vuelven a estar fuera, y he podido descansar una media hora... no he recibido ninguna llamada, no lo entiendo. Aún le doy vueltas a la visita de "Antonio" y su abuelo al instituto... no sé cuáles eran sus intenciones, pero evidentemente no parecen muy loables.  



Es interesante leerlo, y aunque no esté muy de acuerdo con algunos puntos del mismo, creo que es interesante su lectura a la hora de formularse uno su propia opinión (me da que ni el propio Secretario General de Educación está muy conforme con él, pues en su primeras declaraciones sobre este caso, vino a decir como que había que darle "una vuelta, o quizás dos").

Doy por terminado el día... me da que la noche volverá a ser larga. 




domingo, 11 de noviembre de 2018

DÍA 1: EL FATÍDICO DIA - 2ª Parte (La burocracia y los protocolos)

Lunes, 6 de noviembre de 2017

Se ha montado un buen revuelo, hay varios profesores calmando a los alumnos que han salido de sus aulas, bien por el cambio de clase, bien porque han escuchado el bullicio. Algunos compañeros se acercan, me abrazan, me preguntan como estoy, tienen cara de preocupación, debo tener mal aspecto... yo sigo aturdido, no tengo muy claro donde ir... si a jefatura del Tierras, a dirección (que está en el edificio Masa Solís, a unos 300 metros)... no sé muy bien qué hacer. 
Me encuentro con mi mujer, que es compañera en el centro... su cara lo dice todo... está asustada y no puede reprimir las lágrimas. Me dicen que el director ya viene de camino. "Antonio" (mi agresor) está por allí, a pocos metros de mí, hablando con unos y con otros. Algún compañero me acompaña a la sala de profesores del Tierras Llanas, vamos de camino cuando escucho voces... "Antonio", está vociferando a una compañera... tengo miedo que la agreda a ella. De repente, me percato que es mi mujer, estoy muy nervioso y noto cómo la adrenalina se me dispara, tengo miedo de que pueda agredirla a ella, voy hacia ellos sin tener muy claro en qué acabará esta vez la cosa, desde luego mi talante ya no es el mismo... que sea lo que Dios quiera -me digo interiormente. 
Mi compañero Alejandro entiende lo que pasa y me detiene a tiempo, algún otro compañero interviene también para calmar la situación, acompañando al alumno a jefatura y alejándolo de mi mujer. 
Ya con la situación mas tranquila vuelvo a entrar a la nave de comercio, al departamento. Un devenir de alumnos y profesores, se interesan por mi estado... les transmito calma y les digo que estoy bien, que no ha sido nada, aunque creo que mi aspecto no debe tranquilizarles mucho. 
Estoy dolorido, de la cintura para arriba no hay zona que no me duela, pero no me preocupa demasiado... lo peor es la nuca... - ¡qué dolor!. 
Alguien me dice de nuevo que vaya a la sala de profesores del Tierras, que el director ha llegado. Cuando estoy entrando en el edificio Tierras Llanas, veo al vigilante, que está en la conserjería, en lo que según parece es su puesto (ni yo ni ninguno de mis compañeros sabe muy bien cuáles son sus funciones), aún no me explico cómo es que no se ha personado para mediar, o intervenir de algún modo en la situación (días después supe que una de mis alumnas, una de las que salió rápidamente de clase y avisó a mis compañeros, acudió también posteriormente a pedirle ayuda, y que su respuesta fue...  "ya se ha avisado al director y lo estamos esperando") -inaudito.
Entro en el edificio y me dirijo a Jefatura, pero una de las jefas de estudio me indica que están tomando declaración al alumno, y que espere en la sala de profesores, que está junto a jefatura. Así lo hago. (Poco después hubo que tomarle declaración de nuevo, al ser menor, la declaración tomada sin presencia de su totor legal, no es válida)
Pasan unos 25 minutos, la adrenalina de mi cuerpo empieza a desaparecer y mi cuerpo empieza a enfriarse, empiezo a sentir dolores en sitios donde no era consciente de haber recibido ningún golpe. El cuello me mata e intento buscar una postura donde reposar la cabeza, la mandíbula también me duele ("Antonio" tiene un buen gancho).

Acaba la toma de declaración de "Antonio" y me llaman para entrar. 
Tanto director como jefas de estudio, me tranquilizan, se preocupan por mi estado y me transmiten su solidaridad. Yo en ese momento sólo pienso en el montón de papeleo que tendrán que hacer por culpa de este incidente, y no puedo evitar sentirme culpable por ello... soy más de intentar ahorrar trabajo a mis compañeros, no de generarles más. 

El director me pide que le cuente lo ocurrido y yo voy narrándoselo mientras él toma notas de su puño y letra, es lo más rápido porque quiere que vaya cuanto antes al centro médico a que me examinen y emitan un parte de lesiones. También me recomienda denunciar después, con dicho parte de lesiones, ante la guardia civil. Después de todo eso, firmaré la toma de declaración (según parece es el protocolo).

En este punto, mencionar que la situación vivida con posterioridad y que narraré mas adelante, me obliga a recomendar la presencia del 112. Hago esta recomendación, por si estas líneas llegaran algún día a ser leídas por algún responsable educativo. De no personarse el 112, o en su defecto cualquier facultativo con capacidad para emitir un parte de lesiones, cada uno, agresor y agredido, acude por su cuenta y riesgo a recibir asistencia médica para, además de paliar los daños sufridos, "quedar constancia de los mismos". Y en este punto, y no es mi caso, sin la presencia de testigos, ¿qué o quién impide que cualquiera de los dos se autolesione con la intención de manipular y fundamentar una versión diferente de lo sucedido?. En mi caso, el abuelo del niño, el presidente  de una confederación de asociaciones extremeñas de un colectivo desfavorecido, se personó con el menor al día siguiente en el instituto, para intentar mediar... el "niño" llevaba puesto un collarín en el cuello... no digo mas. 

Mi mujer me acompaña al centro médico de la localidad, explico lo que me ha pasado a la celadora que hay en la entrada, es curioso... no me mira a los ojos sino al arañazo de mi cuello. Enseguida me dice a qué consulta tengo que ir y nos dirigimos hacia allí. Hay mucha gente, y no hay ni un asiento libre... aunque me duela todo, toca esperar de pie. 

Me llaman a consulta y la médica que me atiende lo hace muy amablemente. Cuando le cuento lo sucedido noto que su amabilidad se acentúa aún mas, agradezco su solidaridad. Me examina con mucho cuidado y muy profesionalmente anota todo lo que ve.

El "Parte Judicial de Lesiones" queda como sigue:
"Eritemas en ambas mejillas, mas sobre ángulo mandibular, erosión en región latero-cervical derecha de aproximadamente 10 cm con zonas sangrantes, hematoma en brazo derecho, región posterior. Dolor mecánico en muñeca izquierda. Dolor en región cervical posterior con limitación de grados medios de lateralización". 

Mis lesiones quedan como se ven en las siguientes fotos:






Las cuatro primeras se realizaron mientras esperaba en el centro de salud, la foto nº 5, al día siguiente, tras una dura noche en la que no supe qué hacer con la joroba que me salió. La última, el estado en que quedó el reloj que llevaba puesto.

Recomiendación: realizar todas las fotos que podáis, tanto de las lesiones que sean perceptibles, como de los enseres personales que hayan sufrido algún daño (ropa, gafas, reloj, o cualquier otro), os serán requeridas por el forense que os sea asignado en el proceso judicial. No os confiéis, por bien que lo detalle el facultativo médico que levante el parte de lesiones, el informe del forense es el único que tendrá validez posteriormente. 

Tras avisar a la enfermera para que me cure el arañazo del cuello, termina de cumplimentar el parte, que imprime y firma. Tras una breve charla sobre lo expuestos que estamos ambos gremios (médicos y profesores) me dedica unas palabras de aliento y ánimo que le agradezco enormemente.

...siguiente cita, cuartel de la Guardia Civil.

Acompañado de mi mujer, nos dirigimos a las dependencias de la Guardia Civil para formular la pertinente denuncia. Cuando llegamos, el agente que está en la oficina está ocupado y tenemos que esperar, no hay sillas ni sala de espera y no aguanto en pie... por lo que decido sentarme en unos escalones y apoyar la espalda en la pared... en otras circunstancias me avergonzaría no guardar la debida compostura en un lugar como ese, pero hoy no puedo evitarlo... prima el dolor sobre las buenas formas.
A los diez o quince minutos nos hacen pasar. Tras una breve explicación de lo sucedido, el agente comienza a formular preguntas, y me informa de los derechos que me asisten al formular la denuncia... se nota que para él es un trámite muy habitual, pero a mi me suena todo a chino. Voy hablando y él va escribiendo en su ordenador... en ocasiones parece como si le dictara, y en otras es el propio agente el que busca una fórmula apropiada para redactar lo que le voy narrando. Me pide hacer una copia del "Parte Judicial de Lesiones" para adjuntarlo a la denuncia. Entre unas cosas y otras pasamos allí casi una hora. Al acabar, saca varias copias de la denuncia que he de firmar... y me devuelve una de ellas (junto con el parte de lesiones, es el segundo documento de hoy). Me intereso por el procedimiento, y el agente muy amablemente me informa de los pasos que se darán ahora, indicándome que tienen que informar al agresor (o tutor legal en este caso) de que ha sido denunciado. Así mismo, me indica que puedo presentar cuanta documentación crea necesaria para adjuntar a la denuncia, antes que sea remitida a la fiscalía.

Es hora de volver al instituto. Mi mujer, que conduce, lo hace despacio, notando mi dolor cuando pasa por los pasos de peatones sobreelevados que hay en la Avenida García Siñeriz de Miajadas. Deben ser en torno a las 12.30 de la mañana cuando llegamos al recinto del edificio Tierras Llanas. En la puerta están dos de mis alumnas que han presenciado todo... estaban muy nerviosas, por lo que le digo a mi mujer que me deje en la puerta antes de aparcar el coche, quiero tranquilizarlas.

Mientras hablo con ellas, percibo que hay dos hombres en la puerta que están hablando de lo sucedido. Sin duda, son familiares de "Antonio"... me pongo nervioso, pero caigo en la cuenta que ellos no tienen por qué conocerme, así que tiro de sangre fría y sigo hablando con las alumnas, bromeando con ellas para quitarle importancia a lo sucedido. Estoy allí unos minutos, y en ese tiempo escucho varios comentarios desproporcionados y desagradables de esos familiares: -"lo mejor en estos casos y ya metidos en faena es pisarle el cuello y tirar de chaira".
Manda narices, quizás los hubiese entendido si el agresor fuera yo, pero "leñe", que soy el que ha recibido, no el que ha dado.
Dos jefas de estudios que han debido verme en la distancia, salen discretamente para acompañarme dentro y evitarme otro mal trago con esos familiares... vamos de nuevo al departamento de comercio, porque según parece, hay un número indeterminado de familiares de "Antonio" en el edificio Tierras Llanas, supongo que acompañando al menor mientras se le toma declaración, es lo legal según parece (aunque dudo mucho que sean necesarias muchas mas personas que los tutores legales del menor).

Ya mas tranquilas, ambas jefas de estudio se interesan por mi estado y me transmiten su apoyo y felicitaciones por mi forma de actuar.

Tengo que esperar, no puedo irme a casa hasta firmar mi toma de declaración, pero hasta que no acaben con "Antonio" y sus familiares, no parece prudente que me persone en el edificio Tierras Llanas. Me avisan pasado un buen rato, y me presento ante mi director. Vaya problemón en el que le he metido... papeleo y más papeleo.

Revisa las notas que tomó esta mañana y las va pasando a ordenador a la vez que les va dando forma en voz alta. Evidentemente me ratifico en todo lo que dije esta mañana, matizando algún detalle que no pudiera quedar lo suficientemente claro. Terminamos y son casi las 15h. Imprime la copias pertinentes y las firmo quedándome con una de ellas (tercer documento de la mañana).

Me voy a casa... estoy deseando llegar, aunque temo que mis hijos pequeños (8 y 5 años) perciban mi estado. Por su puesto, no puedo decirles que un alumno me ha pegado una paliza, para ellos, como para casi todos los niños, sus padres son invencibles y sus profesores divinidades a las que no concebirían que nadie pudiese golpear de semejante forma... tendré que inventarme alguna historia para contarles. 



martes, 6 de noviembre de 2018

DÍA 1: EL FATÍDICO DIA - 1ª Parte (La agresión)

Lunes, 6 de noviembre de 2017

Como cada lunes, tras 40 minutos de trayecto, me dispongo a comenzar mis clases. Hoy las iniciaré con la asignatura "Comercio Electrónico", hablaremos de "Branding", es un tema muy dinámico y  suele enganchar a los alumnos rápidamente, por lo que doy comienzo a las explicaciones con bastante buen ánimo.
Son las 9,10 de la mañana y aunque hay pocos alumnos, tal y como preveía el tema les gusta, y a pesar de ser lunes a segunda hora están muy participativos. 
A las 9,45, en medio de la explicación, oigo un fuerte grito en el pasillo, por lo que interrumpo mi clase y salgo del aula para ver qué sucede. En el hall de la nave de comercio, donde se encuentra mi clase, me encuentro a un alumno de FP básica al que conozco (llamémosle Fran, para no citar su verdadero nombre), y al preguntarle me dice que él no ha gritado, que ha sido otro alumno que ha salido corriendo... salgo a la puerta y efectivamente, a unos 30 metros, veo a un alumno con una sudadera fluorescente que se aleja con paso acelerado hacia el edificio de Bachilleratos, por lo que sin decirle nada, me doy la vuelta, saludo de nuevo a "Fran", y vuelvo a entrar en mi clase para continuar donde lo dejé. 

El Gonzalo Torrente Ballester tiene una configuración algo peculiar, heredada de la fusión de dos centros, el Masa Solís, y el Tierras Llanas. El edificio principal (antiguo Masa Solís), en el que se imparte la secundaria, se encuentra a unos 300 metros del antiguo Tierras Llanas. Este último, está a su vez dividido en tres edificios, uno principal, en el que se imparte el bachillerato y FP de Grado Superior, y dos naves situadas a unos 40 metros de este edificio, en las que se sitúan las aulas de FP de grado medio y FP Básica, de las familias de Comercio e Industrias Alimentarias.

Quedan unos 15 minutos de clase, por lo que no debo perder tiempo.
Apenas 5 minutos después, vuelven a producirse los gritos, por lo que de nuevo interrumpo mi explicación para salir otra vez al pasillo, donde veo a "Fran", que esta vez está acompañado del alumno de la sudadera fluorescente que antes vi alejarse - esta vez no se ha molestado en huir. 
- ¿Qué es lo que sucede? - le pregunto.
- Nada, ¿qué pasa? - me contesta en actitud desafiante. 
- ¿Y esos gritos? - se encoge de hombros y no dice nada. Hago un rápido análisis de la situación, quedan apenas 10 minutos de clase, tanto el profesor de guardia como la jefatura de estudios está en el edificio de Bachilleratos (Tierras Llanas), además al estar uno de los jefes de estudios de baja, posiblemente no haya nadie en la jefatura de ese edificio, la temática que estoy dando es atractiva y suele gustar a los alumnos... teniendo todo esto en cuenta, decido invitar a este alumno a entrar en mi clase, seguro que como he hecho otras veces, consigo "entretenerlo".
- ¿Cómo te llamas? - le pregunto.
- Antonio - me dice con una sonrisa que me deja claro que ese no es su verdadero nombre, aun así me dirijo a él cordialmente por el nombre que me ha dado.
- Pues nada "Antonio", entra conmigo en clase si quieres los minutos que falten hasta que toque el timbre, ya verás cómo te gusta lo que estamos viendo.
Al entrar en clase, le doy paso, y me dirijo a mis alumnos: 
- Clase, este es "Antonio", el alumno que estaba gritando en el pasillo, nos va a acompañar el resto de la clase, para que vea lo interesante que es lo que estamos viendo. "Antonio", estos son mis alumnos, toma asiento por favor. - le digo señalándole con la mano a una de las sillas que está al fondo de uno de los dos pasillos que tiene el aula de informática en el que nos encontramos.

Continúo con la explicación, y apenas 2 o 3 minutos después, antes de darle participación a "Antonio" para que se integre y participe en la clase, veo que está jugando con la silla de oficina donde se había sentado, impulsándose con los pies y levantándolos del suelo para dar vueltas sobre sí mismo. 
- "Antonio" por favor, deja de molestar, estamos en mitad de una clase. 

"Antonio" aún en estado tranquilo, se sonríe y mofa, pero acaba dejando de dar vueltas en la silla.
Continúo con la explicación. No llevo ni dos minutos con ella y "Antonio" vuelve a las andadas. Esta vez ya no da vueltas, ahora se impulsa con ambos pies y se desliza con la silla (que tiene ruedas) hasta chocar con las mesas una y otra vez... me quedo perplejo, y me tomo un instante para pensar qué hacer. 
- "Antonio" por favor, si no sabes estar sentado, vente aquí junto a la puerta y te quedas de pie. - le digo en tono tranquilo. 

"Antonio" se levanta de inmediato y se dirige a mi posición, pues estoy junto a la puerta, parece que va a hacer lo que le he dicho... pero cuando llega a mi altura, se acerca apenas a 5 cm de mi cara y suelta:
- ¿Sabes qué te digo?. Que no me pongo de pie porque no me da la gana. 

Está a escasos centímetros de mi cara, es unos centímetros más bajo que yo, y por la forma de contestar parece que ha perdido el control, por lo que en previsión que pudiera lanzarme un cabezazo sin pensarlo antes, me alejo un poco de él... pienso un poco y creo que la situación podría descontrolarse por lo que le pido que me acompañe a jefatura de estudios, cogiendo su mochila, que ha dejado en una mesa que tenemos al lado. Es en ese preciso instante cuando "Antonio" me da un fuerte empujón que me desplaza un metro aproximadamente hacia atrás... me quedo perplejo, cuando le veo a un par de metros botando con los puños arriba, como si fuera un boxeador. Ahora sí que está fuera de control -pienso.
Decido poner las manos a la espalda, para demostrarle que esto no iba a ser una pelea, que no tenía intención de defenderme, y le advierto:
- "Antonio", piensa muy bien lo que vas a hacer - le digo mientras noto como mi pulso se dispara- si me agredes esto ya no irá a jefatura de estudios, sino a la Guardia Civil, piénsalo bien, y si quieres hacerlo adelante, pero piensa en las consecuencias.   
En ese momento deja de botar, parece que se lo está pensando... y me hago la ilusión que la situación aún puede ser reconducida. Me distraigo un instante al mirar a mi izquierda, la cara de mis alumnos al asistir a tan esperpéntico espectáculo, lo dice todo.
En ese instante, "Antonio" explota. Me lanza un primer gancho de izquierda que impacta sobre mi mandíbula desplazándome unos metros hacia atrás hasta encontrar una mesa que me sirve de apoyo, vuelve sobre mí con otro gancho, esta vez de derechas, que también hace blanco en mi mandíbula... medio aturdido, intento mantener la cabeza fría, lanza otro gancho y esta vez lo esquivo agachándome, el cuerpo me pide otra cosa, levantarme y responder con igual contundencia, pero me centro en repetirme internamente "sujeta, no agredas", "sujeta, no agredas", así dejando el boxeo por un instante, como si de un jugador de rugby se tratase, le hago un placaje y me agarro a su cintura... (gran error por mi parte al asumir lo que después se ha demostrado como un gran riesgo). "Antonio", al verme en esa posición, sigue lanzando puñetazos buscando mi cabeza y espalda... varios de ellos impactan fuertemente sobre mi zona cervical ya de por sí bastante maltrecha por una importante hernia cervical diagnosticada hace apenas año y medio.
Bien por el aturdimiento bien por la falta de equilibrio, caemos al suelo, no sé en qué posición estábamos, pero sí que yo continuaba agarrado a su cintura repitiendo en mi absurda obcecación "sujeta, no agredas", "sujeta, no agredas", mientras "Antonio" continuaba impactando salvajemente con sus puños en mi cabeza, cara y cuello... no sé el tiempo que pasamos así, pero se me hizo eterno. 

Parece que alguna de mis alumnas, se zafó de clase para pedir ayuda... finalmente entran en clase mi compañera María, y "Fran", el alumno que estaba en el hall, y me quitan a "Antonio" de encima, que me dedica un "te reviento los sesos", cuando nos separan. Yo lo miro, pero no digo nada, es como si mi mente no fuera capaz de asimilar lo sucedido y se hubiese marchado a otro lugar, no sé muy bien lo que ha pasado. 
María es una compañera recién llegada, es la primera vez que trabaja en educación, pero se la ve con ilusión y muy comprometida. Es muy joven, bajita y con un carácter muy dulce... no me explico de dónde sacó las fuerzas para, junto con Fran, quitarme a "Antonio" de encima, pero se lo agradezco enormemente. Al verme queda como en shock, tengo un profundo arañazo sangrante en el cuello, seguramente me lo haría "Antonio" con el reloj o alguna pulsera que llevase... es lo más llamativo... aunque también se aprecian los golpes en la mandíbula... pero mi principal preocupación es la nuca... me ha dado varios puñetazos, y me duele bastante.
Empiezan a llegar compañeros, profesor de guardia, compañeros del departamento de alimentaria, etc... tenemos un vigilante en el centro que está a pocos metros de allí, pero no le he visto, no sé cuál es su función, pero por allí no aparece.


Continuará en la siguiente entrada...

PRESENTACIÓN.

Mi nombre es Miguel Ángel, soy profesor de enseñanza secundaria de la especialidad de Organización y Gestión Comercial (Formación Profesional) desde el año 2000. Durante este tiempo, he tenido la oportunidad de conocer el sistema educativo desde diferentes puntos de vista, como profesor al principio, y ocupando puestos de diferente responsabilidad en los servicios centrales de la Consejería de Educación más tarde. Hoy en día presto mis servicios en el I.E.S. Gonzalo Torrente Ballester de Miajadas (Cáceres), al que me desplazo diariamente desde mi localidad de residencia, situada a unos 50 kilómetros de distancia.

El Gonzalo Torrente Ballester, es un centro como cualquier otro, unos 700 alumnos, con las dificultades habituales de todos los centros en cuanto a disciplina, escasez de recursos, etc. pero nada que sobresalga de manera relevante de la media.  

El motivo de relatar mi experiencia por este medio, no es otro que describir lo mas detalladamente posible, todo aquello por lo que pasamos los docentes que tenemos la desgracia de ser agredidos en el desempeño de nuestro trabajo, la frustración y el abandono absoluto que sentimos por parte de la Administración Educativa, esa que debería velar por nuestro bienestar en el desempeño de nuestras funciones.

Es mi experiencia y no pretendo generalizar con ella, pero es el modo en que yo la he vivido y espero que ello sirva de ayuda a aquellos docentes que tengan la mala fortuna de pasar por algo similar. Para el resto de afortunados, espero les ayude a concienciarse de que es un problema al que estamos expuestos todos y cada uno de nosotros, yo mismo he sido de los que siempre ha pensado que este tipo de cosas sólo podían suceder a otros compañeros (con un perfil diferente al mío).

Ofreceré, en la medida en la que pueda y vaya relatando lo sucedido, diferentes consejos y recomendaciones, que quizás el día de mañana, sirvan a alguno de vosotros para actuar con cierta previsión, puesto que hay aspectos que si bien debieran estar cubiertos por el propio sistema, si no se conocen pueden llevar a algún que otro dolor de cabeza.

Hoy hace exactamente un año de aquel desafortunado incidente, de una salvaje agresión que me mantuvo alejado de mi vocación durante más de dos meses. A día de hoy, las heridas, aún abiertas, resultan mas llevaderas, pero el pésimo sistema burocrático en el que vivimos impide, y lo hará por mucho tiempo, el poder pasar página y cerrar definitivamente este capítulo de mi vida.

Sentiros libres compañeros, de comentar y opinar libremente, entre todos, este blog resultará aún más útil.

Un abrazo.

Miguel Ángel Gil